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Fausto Aguirre Tirado

“No habrá mejor gente que la juventud, sana, sincera, yo no se porque el adulto ayuda a girar la ruleta de la corrupción, la juventud no, yo he visto como la juventud se sacrifica, ese sacrificio realmente tiene que ser reconocido”.

Fausto abrió literalmente las puertas de su casa para brindarnos la siguiente entrevista, con una sonrisa muy característica de él nos invitó a su estudio, en donde acompañados por su computador y una audioteca bastante amplia, que afirma su gusto a la música, nos comento sus inicios en el mundo extraordinario de los libros.

Siempre suele recordar con la mayor felicidad del mundo, que su madre a muy tempranamente, cuando sus primeros hijos estaban tiernos, cuatro o cinco años, se sentaba en el centro y les leía libros, “mi madre se buscaba temas importantes, ella estuvo vinculada con su tía y su tía tenia una biblioteca muy significativa, ella cogía algún libro, yo recuerdo una cosa clásica que nuestra madre nos leyó; Genoveva de Brabante, lo leía con pasión y nos transmitía ese deseo de saber”.

Al hablar de su padre nos comentó que era un ex-militar, un héroe de guerra que vivía de la pensión que le había reconocido el estado, “los caracteres de mis padres eran totalmente diferentes, posiblemente a mi padre no le interesaba tanto la vida académica, pero si a mi madre, conversábamos entorno a eso, escuchábamos buena música, pero simplemente sintonizando estaciones de radio… Mi padre fallece en 1984 y añoro mucho no tener con quien conversar, mi padre fue una persona muy conversadora y le gustaba que le atiendan, que no le interrumpan, o si le hacíamos alguna pregunta, tenía que ser con mucha lógica, coherencia, añoro que no tengo ningún registro de mi padre cuando ya lo pude hacer”

La pérdida de su mano a los cinco años por un cohete y por la mala intervención médica, le cambió su vida académica e intelectual, “antes de los cinco años de vida, quería ser ingeniero, arquitecto, médico, quería trabajar en esas cuestiones tecnológicas, porque veía a los ingenieros un trabajo genial, pero después de la mala dada intervención médica conmigo, después de repensarlo me fui por el área socio-humanística”.

Sus profesores de primaria en la escuela Gabriel Arsenio Ullauri descubrieron en él una memoria formidable, “yo estuve en segundo grado y me dicen Fausto coge tu morral o coge tu carril y vamos, me llevaron a tercer grado, yo no hice segundo grado, seguramente porque sabía los números y por la motivación de mi madre a la lectura y la escritura”.

En el colegio Manuel J. Calle, en donde se forman profesores de primaria, era poco comunicativo, nunca se integraba con sus compañeros, “alguna ves el inspector de nuestro curso me descubrió en el aula de clase en un momento del recreo, me dijo; ¿Qué haces?, yo me puse a llorar, porque eso suponía castigo a la gente que se quede en el aula, no tranquilo me dijo, no te pasa nada, me cogió del brazo, salimos al patio y me comenzó a presentar a mis compañeros, eso aprovecharon mis compañeros del curso para integrarme a manifestaciones deportivas; fútbol, baloncesto y también me llevaban a voleibol, pero siempre yo fui débil, mis pies no soportaban, en voleibol, al termino uno quedaba con la mano hinchada, adolorida, no podía escribir”.

Nos asombró saber que Fausto alguna vez tuvo problemas en la materia de castellano, no le gustaba memorizarse la materia para recitarle al profesor. “Yo empecé a escribir artículos para el periódico El Tiempo, más o menos a los 14 años, recuerdo que el primer artículo que escribí fue con finalidad de observar que el profesor de castellano estaba haciendo mal porque utilizó un libro demasiado tradicional”.

Viendo las notas bajas, suspensiones y aplazamientos, su madre no lo castiga y decide comprarle un diccionario, “mi madre me compró El Pequeño Larousse, aún lo conservo después de 50 años, cuando trajo el diccionario, me dijo; toma burro, habiendo nacido en ceno español cómo no puedes estudiar el castellano, esa fue una motivación extraordinaria”.

“El día en que me llegó el nombramiento de miembro de número de la Real Academia de la Lengua, estuvo aquí mi madre visitándome, yo cogí el nombramiento y le dije tome, esto se merece usted, esto es suyo, mi madre no protestó, no dijo absolutamente nada, ella sabia que es lo que yo le decía”.

A los 17 años pasa a la universidad, trabaja en la Editorial Don Bosco de Cuenca, “eso me ayudó mucho para lectura, ortografía, redacción, uno se comía un libro en un día o medio día, porque había que revisar, comprender y toda esa cosa”, es aquí cuando se decide a estudiar la lengua y escribe su primer libro de castellano por pedido del director de la editorial, pero cuando le presentaron la portada y vio que no estaba su nombre, fue una gran desilusión, “proteste y me dijeron; eres demasiado joven, los jóvenes no tenemos derecho a ser intelectuales le dije y me fui”, es así que el primer libro que escribió jamás fue publicado.

Retornando de su postgrado en Bogotá viene a concursar para la docencia en la Universidad Nacional de Loja, en la Facultad de Filosofía, abandona Cuenca, trabajando desde el año de 1972 hasta 1998, luego pasa a la Universidad Técnica Particular de Loja, donde trabaja hasta la actualidad como docente, al igual que colabora en el Colegio Experimental “Bernardo Valdivieso”.

“Cuando yo comencé a comprar revistas, libros, empecé a descubrir la ciencia que estudié en la escuela, colegio, yo inmediatamente recordaba que habías recibido una falsedad frente a lo que hay en un libro, entonces yo decía tal vez el profesor improvisó, desde ahí yo dije el profesor no tiene que improvisarse y he creado mi oración; no estafar a tus estudiantes, eso es lo que trato de hacer, de decirles siempre una verdad, de trabajar con ellos y de verlos crecer”

Sus inicios en la docencia fueron igual que la mayoría de educadores, llenando pizarras, siempre dando la espalda a los alumnos, tomando exámenes, buscando quien no le copie, ”la juventud necesita comprender, más allá de memorizar, discutir y vivir, es decir en tanto es crítico y aprende a opinar, se está creando y desarrollando su criterio, cada vez vamos reformulando los contenidos, la metodología, la didáctica para llegar de mejor manera al chico, que no vea una carga o imposición vacua, sino que vea que eso le corresponde a él”

Luego de todos estos años nos comenta que está repensando su vida como si fuera una película, luego de haber leído cerca de 10000 libros y escrito más de 50, espera publicar ahora un ensayo en tres idiomas sobre Noam Chomsky, no ha dejado de acostarse temprano, para levantarse temprano, a media noche, utilizando la madrugad para leer, escuchar música, escribir, ver la cultura televisiva a través del cable o estudiar.

Le agrada mucho encontrar en la universidad, colegio o en alguna empresa; a los abogados, ingeniero, arquitectos, médicos, que algún día fueron sus alumnos, “me gusta la amistad sincera de él o ella, no la afectividad de pareja de enamorados o conyugal, la amistad jamás puede ser un tema de compromiso, tiene que ser una situación recreada con la sinceridad total”.

“Yo veo que los chicos con quien he trabajado en la Universidad Técnica son verdaderamente fraternos, saben ser amigos, están en las buenas y en las malas, porque no luchan por ningún interés, están ellos atentos a mi salud, cada vez que voy a clínica, o sin que sea profesor de ellos, me visitan, estamos compartiendo, discutimos, analizamos, nos abrazamos, nos respetamos mutuamente, nos reímos, viene conmigo por alguna asesoría, ojalá mi gente siga creciendo en esa misma línea”, ese es el concepto que tiene Fausto de los estudiantes que alguna vez pasaron por su aula.

Cuando el reloj de su estudio ya ha sonado por sexta de vez, hemos decidido terminar con la entrevista, que al fin y al cabo, no ha sido más que una conversación amena, Fausto es un educador que a dejado una huella no solamente en esta ciudad, sino el mayoría de personas que alguna ves tuvimos el placer de conocer a un docente para el cual no existen barreras de títulos, ni edades, “mis estudiantes han abolido las barrearas, es el Fausto, mi amigo, es esto y es el otro, en fin, estamos en el mundo de amistad, así me gustaría que me recuerden, como amigo”.

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  1. mayo 18, 2009 en 16:29

    Tiene blog el profe Fauto??? debería tenerlo, queremos aprender más de él.

  2. Mónica López
    enero 24, 2012 en 17:48

    Fascinante la vida de Fausto ,espero conocerlo algún día,debe tener mucho que contar

  3. octubre 9, 2012 en 09:41

    Casi lloro, me invade la nostalgia de recordar no solo a un gran maestro que me enseñó a amar la lectura, sino a un gran amigo que siempre me apoyó!!

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