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Entre tragos y cargas

Si uno camina por el mercado Gran Colombia (Mayorista), especialmente en las mañanas, aún puede observar una que otra carreta cargada y  movida por nada más que la fuerza humana,  aunque también pueden observar la quietud de algún conductor, que se quedó asilado en una esquina porque lo abandonaron sus energías.

Sentado en su carreta, en una esquina  del mercado, encontramos  a Nelson  Tapia, con algunas canas encima, unos ojos  sobrecargados de rojo, y más de 73 años a cuestas, aún no ha renunciado a cargar con su carreta o a cargar en su carreta.

Nació en Celica, pero decidió venir a Loja, porque le estaba yendo mal en la agricultura y su cuñado, que ya venía trabajando en esto, le contó que le podía ir mejor aquí, desde aquel entonces ya han pasado 36 años, y en este tiempo gracias a su esfuerzo a podido construir su propia casa y criar a sus cuatro hijos.

Nos comenta que en esos años le iba muy bien, porque trabajaba todo el día, “era más duro  e incluso ni avanzaba, pero ganaba muy bien“, más o menos por este tiempo perteneció al sindicato Simón Bolívar, sin embargo como se quedaron pocos, ahora ya no hay nada, y cada uno trabaja por su cuenta.

Para construir su carreta compró las llantas, los aros y la madera, y luego se fue donde un carpintero, pidiéndole que se la dé haciendo, con la misma viene laborando  unos cuatro años, tenía una más viejita pero se la robaron.

Puede cargar hasta 15 quintales, pero ahora a lo mucho carga 6, su tarifa mínima es de 50 centavos y la máxima de dos dólares, sus ganancias diarias varían entre  5 y 15 dólares, aunque hay pocos días en los puede llegar  hasta 25.

“Si me alcanza el dinero, porque igual somos  pocos, y como a mi edad no me pueden dar un mejor empleo, me toca continuar trabajando en lo mismo,  el rato que hay, porque el momento que no hay,  no le  toca  a uno más que estar sentado”

En la actualidad comparte su hogar con su esposa y nieta de nueve años, que vive con ellos desde los cinco meses, porque su madre se fue al exterior.

Cada día su jornada inicia a las cinco de la mañana, cuando desencadena su carreta para ponerse a disposición de lo que hay que bajar de los camiones, subir a los buses o lo llevar  a las amas de casa. Su mayor competencia son las camionetas, porque en ellas se llega más rápido y se puede cargar  más.

Ha tenido algunos problemas de salud por su labor, menciona que vive tomando medicamentes, y que sufre al hígado y los riñones.

Hoy  le fue bien, porque los miércoles transporta el pescado que llega de Huaquillas, llegará a su casa, como es de costumbre, a las 12, con algo más de 20 dólares,  para almorzar y compartir el resto del día con su mujer y nieta, hasta que sea la madrugada del siguiente día.

Sin embargo la historia de Cesar (Shisho), es diferente, Tiene 68 años, una herida en su oreja izquierda, tal vez producto de alguna caída y un aliento que delata algo, lo encontramos de pie junto a una carreta, nos cuenta que no es suya, pero que él si trabaja en esto, y para cuando necesita una, la alquila.

Su padre araba la tierra, recuerda que desde los 12 años se dedica a laborar con cargas, y  gracias a este humilde oficio pudo sacar adelante a sus cinco hijos, tres mujeres y dos hombres.

Se separó de su esposa hace 27 años, y ella ahora tienes otra relación, el en cambio vive con su dos hijos, que son propietarios de una cooperativa de transportes, “hoy de mañana me dijo uno de mis hijos; me voy al Coca, pero no vaya a beber papito, yo le dije; me estás haciendo más acuerdo… Yo tomo lo que traiga taita Dios”.

Carga de todo un poco, y como el mismo lo dice si avanza, lleva en una sola ida todo lo que le encomiendan sino con tranquilidad a sus clientes les pide un poco más de tiempo para hacerlo en dos carreras.

Mientras nos cuenta esto, se escucha una vos que dice “Shisho”, y por un momento deja de hablar, para luego contarnos que si lo encuentran por la calle y le dicen Cesar, el no saluda, pero si le dice “Shisho”, es otra cosa, porque eso tiene más significado para él.

A su parecer en estos 58 años de trabajo no le pasando nada malo, porque como menciona él; “Taita Diosito y la Virgen María siempre me han protegido y ayudado en todo”.

Confiesa que trabaja de vez en cuando, solo cuando quiere y puede, porque cuando le coge el traguito mejor no hace nada, toma con sus compañeros y con algún amigo que encuentra por ahí.

Hoy parece que no fue uno de sus mejores días, se observa en su mano unas cuantas monedas que no llegan al dólar, son las tres de la tarde del viernes y dice que en media hora se retira a la casa, que mañana no va regresar al mercado porque tiene un compromiso con un señor que trae libros de Guayaquil.

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  1. septiembre 4, 2011 en 22:28

    ohhh que lindo, una de las notas donde te acompañé ^_^

    • septiembre 4, 2011 en 22:36

      Sipi ni niña, todavía lo recuerdo, gracias por acompañarme en mis disque labores periodísticas jeje

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