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Una vida sin tabús ni inhibiciones

Muchos artistas han encontrado la inspiración en éstas damas. Pintores, escritores y músicos que ha visto mucho más allá que un par de tacones altos, unas medias negras y una minifalda…

Las luces de colores están encendidas, algunas sillas copadas de gente y otras aún vacías, esperando la llegada de más clientes, el olor es predominante, con un sabor a ningún sito más que este, por todos lados se ve un desfile parecido al de pasarela de grandes marcas extranjera.

Figuras de todo tipo deambulan de un lado a otro, de puerta a barra y viceversa, mientras algunos ya no llegan ni siquiera a levantar la mirada porque las cervezas han hecho estragos en el cuerpo.

Una de tales figuras acepta contarnos algo de este mundo de tabús y desinhibiciones, su nombre no importa porque aquí más la conocen por el número que tiene sobre la puerta de su habitación.

Tomamos asiento en la cama por la que hayan transitado miles de cuerpos y que sirve a más de lugar de trabajo, como dormitorio para ella en las noches, después de todo es como su casa, porque aquí es donde pasa todo el día.

Tiene 26 años, es costeña, su tez es color canela, no mide mucho más allá del metro con 60 centímetros, su cabello es rizado y su sonrisa demasiado expresiva…

Lleva un año y medio en el negocio, empezó como muchas, por problemas en el hogar y dificultades económicas, en aquel momento su hija mayor padecía de leucemia, su ex pareja la dejó y no tenía trabajo, una ex cuñada se dedicaba a esto y le comento que el dinero predomina en esta labor y que con eso podría solucionar muchas de las dificultades que tenía.

En aquel entonces ella estudiaba una carrera en medicina, sin embargo llegó el punto en el que no encontró otra opción que aceptar la propuesta, “yo no quería trabajar en esto, pero ella me dijo que no podía hacer nada más, yo quería seguir estudiando”.

Su primer día de trabajo jamás  lo pudo olvidar, fue muy duro para ella porque no se sentía bien consigo misma, recuerda a su primer cliente, “era un tipo joven, moreno, un poco ordinario, brusco, inclusive él se enojó porque yo lo saqué de la pieza y me puse a llorar”.

Aquel día solo se acostó con dos tipos, porque dice que ya no pudo más, se sentía muy sucia y pesaba que su hermano podría llegar en cualquier momento al lugar, “si me encontraba, me mataba”.

Sus dos hijos viven en la ciudad en que nació, junto a su hermana, de la familia solo ella sabe a que se dedica y no le dice nada porque entiende que el trabajo que realiza es por los niños.

Siete dólares cobra por su servicio, de los cuales cinco son para ella y dos para el dueño del cabaret, sus ganancias dependen de la semana y del lugar donde esté trabajando, cuando le va bien gana 1.300 dólares y si no resulta bien el negocio solo son 800.

La mejor semana que tuvo fue hace 15 días, donde llegó a tener cerca de 1.500 dólares, la ciudad en la que le pagan mejor y existe mayor demanda es esta, una semana pasa con sus hijos y otra en el oficio.

En uno de los mejores días se llega a acostar con más de cuarenta hombres, dice que en el momento no siente nada, porque solo piensa en su hogar y en las razones por la que está aquí.

Todo el dinero lo está ahorrando para poner su propio negocio y salir de esta vida, porque las personas hablan siempre mal de ellas “mucha gente dice esas viejas son esto o algunos hombres entran a la pieza y salen hablando mal de uno, dicen esta es p… sin saber por qué motivo nosotros estamos acá”.

Su madre presiente que se dedica a esto, pero a ella no le quedó más remedio que mentirle que está con un veterano que le pasa mucho dinero.

Para noviembre tiene planificado cerrar la puerta de su habitación para siempre, financieramente le ha ido bien en su labor, pero como todo, tiene sus riesgos y estar aquí, mucho más.

Le han pasado muchas cosas desagradables, una de ellas fue cuando entró con dos clientes a la vez, que le sacaron armas para robarle y aparte de eso tuvo relaciones sexuales con ellos, luego de lo que le hicieron.

Alguna vez la golpearon, pero ella no se dejó y respondió de la misma forma, “con el tacón me defendí, le partí la cabeza, pa que respete… (risas)”.

Muchas de sus compañeras están por razones similares en sus puertas, algunas lo hacen porque les gustas y tiene que mantener a sus proxenetas (chulos), pasándoles cada fin de semana el dinero.

“¿Lo bueno de esto sabe qué es?, que uno conoce mucha gente, gente mala, gente buena y la persona que se meta a esto debe hacerlo por un propósito, no para quedarse aquí o gastarse la plata en los chulos”.

No han pensado en el amor, primero están sus hijos, pero si algún día estaría con alguien, tiene que ser alguien que no la conozca en esta vida, porque las personas son muy rencorosas y luego le van a reprochar eso.

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