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Javier Darío Restrepo

Hace unos tres o cuatro años, cuando escribía para un periódico estudiantil de la universidad en la que estudié, tuve la oportunidad de conversar con un personaje del periodismo latinoamericano, recién encuentro el documento y se los comparto…

Con la humildad que lo caracteriza Javier Darío Restrepo accedió de forma muy amable a la entrevista, con una sonrisa muy expresiva decidió regalarnos un libro de su autoría, un gestó que vale describir no como vanidad nuestra, más bien como la sencillez de un periodista de tan reconocida trayectoria.

Javier se describió como un hombre de 75 años que lleva 51 años haciendo periodismo, es padre de dos hijas, abuelo de un nieto que tiene seis años, esposo de una mujer maravillosa, “esos son elementos que le dan a uno un gran equilibrio y sobre todo una predisposición para hacer un trabajo lo mejor posible”.

“Comencé haciendo periodismo en una forma inesperada cuando era estudiante de secundaria, hubo unas olimpiadas con muchas disciplinas y la gente no sabía que estaba pasando en las distintas disciplinas y un compañero me sugirió; pues reunamos los datos de todo lo que estaba pasando, quien gano, quien perdió, quien juega hoy o quienes compiten hoy”, es así que nos comenta con un gran entusiasmo su inicio en esta profesión.

“Ha eso le llamábamos La Bagatela, lo hacíamos más que todo como juego, pero cuando vi pegados esos papeles allá y que todo mundo se arremolino junto a ese rincón de la pared, prácticamente se daban codazos para leer lo que yo había escrito, eso fue una maravilla de descubrimiento”, confiesa que aún sigue con ese “maravillamiento” después de tantos años.

Sus últimos años de periodismo activo fueron 27 como reportero de investigación, al mismo tiempo estaba escribiendo el libro “Con asombro de reportero”, el cual reúne crónicas escritas a lo largo de 50 años.

Viene dedicado al tema de la ética periodística desde hace 15 años, inicialmente su interés era puramente intelectual, “recuerdo alguna ponencia que iba leyendo en distintas partes dentro de un grupo que se formó para trabajar con periodistas de distintas regiones de Colombia y esa conferencia era sobre ética, todavía la tengo, y la tengo precisamente para pensar, eso es lo que no debe ser una exposición ética, muy abstracta, muy llena de teorías, citas de autores y demás, una cosa que en realidad no sirve”.

Comenzó a servir su conocimiento sobre ética cuando lo nombraron como parte de un equipo que tenía la misión de redactar el proyecto de código de ética del circulo de periodistas de Bogotá, “lo primero que hicimos fue conocer códigos de ética de distintas partes del mundo, segundo examinar la realidad de nuestro periodismo para ver cuáles eran los puntos que había que reforzar con valores éticos y luego ya comenzar a redactar”.

Al hablar acerca de lo que le ha dejado el periodismo nos dice; “tal vez lo más importante es que te pone en contacto con la realidad y aprendes a mirar la realidad con ojos muy distintos del ciudadano común y corriente, porque ya comienzas a mirarla como algo que debe ser entendido”.

Su día de trabajo comienza en casa, con lectura de libros, “los que yo llamo los libros serios en oposición a novelas y la misma prensa”, luego viene la lectura del periódico con el desayuno, si son los días que han aparecido las revistas semanales también las lee, al mismo tiempo escucha los noticieros radiales de esa hora.

A las 9 de la mañana ya está en su escritorio, en ese escritorio hay muy distintas tareas, desde escribir el consultorio ético semanalmente, “respondo tres preguntas y yo tengo que estar mandando eso todas las semanas, para que sea colocado en la página web de la Fundación Nuevo Periodismo”, otra de sus tareas es escribir la columna semanal para el periódico El Colombiano, “luego viene otras tareas que generalmente hay, o una conferencia que hay que estar preparando”

Tiene la manía de escribir a mano antes de digitar, “yo no soy capaz de producir digitando, todos mis libros primero han sido escritos a mano y después ya han sido digitados”, generalmente hay un libro en marcha también, esa otra de las tareas que cumple a diario, es de esta manera que pasa casi todo el día en su escritorio.

Para terminar nos cuenta que le gusta el periodista concertado a su oficio, un trabajo periodístico bien hecho y sobre todo sentir que el periodista es alguien que se ha identificado con la gente, pero le desagradada profundamente la ligereza, la trivialidad, la ficción del periodista que se cree el importante, que piensa que es el cuarto poder, “abundan invitaciones de lanzamientos de libros, de no sé que, yo no voy a esas cosas, primero porque me cuesta mucho trabajo oír cuando hay ruido alrededor y segundo porque me fastidia mucho ver desfilar pavos reales, en periodismo desgraciadamente hay muchos pavos reales”.

Con estas últimas palabras Javier Darío Restrepo nos enseñó que los éxitos se cultivan con la humildad.

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