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La poesía de un payaso

abril 27, 2011 2 comentarios

Hace un par de años cuando trabajaba en un diario entrevisté una noche a un Payaso de circo cuando se maquillaba para la función y fue aquí donde me recitó esta poesía, la cual es parte de un libro de niños y adolecentes de la calle. El poema fue dedicado al cómico argentino Alberto Olmedo. Nunca supe de su existencia hasta que ese día, aquel Payaso me lo recitó…

De un ataque al corazón
esta tarde se murió un payaso.
Lo mas divertido del caso
que mientras su cuerpo estaba inerte,
la gente aplaudía y aplaudía,
al mismo tiempo pedía
qué él repitiera su muerte.

Es al payaso en esta vida
a quién Dios lo destinó a sufrir,
pues tiene que hacerte reír
aunque tenga su alma herida.

Con mi sonrisa fingida tengo
penas que ocultar,
más si yo, el payaso, pudiera hablar
y contar mis amarguras
hasta las almas más duras podrían conmigo llorar.

Al ver mi cara pintada
todos ríen con placer
sin llegar a comprender
que mi vida es desgraciada

si lanzo una carcajada
todos creen que es de alegría
más no comprenden que la suerte impida
que más riendo estoy,
es un paso más que doy
en pos de mi tumba fría.

No pidáis que me ría
que de mi propia risa me espanto,
he reído tantas carcajadas de dolor
en este mundo traidor.

Me han enseñado a reír con llanto
y llorar con carcajadas.

Mañana cuando el payaso muera
todos lo echarán al olvido
más de mi que te has reído
nunca mas te acordarás
como música pasajera
que viene y se va.

Por eso público querido
usted que me ha brindado su aplauso
que me llena de gozo,
el último aplauso te pido y quedarme satisfecho
poniéndolo en tu carne y
llevándolo en nuestro pecho
como dos payasos bien agradecidos.

Un baile entre semáforos

diciembre 12, 2010 1 comentario

De pié, en el pasto, cerca de un semáforo de la Av. Orillas del Zamora (Loja), en sentido diagonal al Instituto Técnico Daniel Álvarez Burneo, con una sonrisa que hacía ver casi la totalidad de su dentadura, unas marcas de acné de la adolescencia y una camiseta húmeda por haber cargado y bailado con su par de muñecos desde la mañana, lo veo a Félix Vera Alvarado.

Se encontraba tomando un descanso de tanto danzar frente a los autos, dice que éste arte lo aprendió hace algunos años de un chileno que conoció en un semáforo de Colombia, cuando en ese entonces él se dedicaba a realizar malabares.

Es de Babahoyo, pero pasó algunos años en Colombia, porque su madre tuvo una relación con un Colombiano que los llevó a vivir a Pasto, donde luego de un tiempo los dejó en el abandono, es ahí  cuando inicia su vida en los semáforos, como era el mayor de sus hermanos le tocó salir a trabajar para mantener a la familia.

Cuenta que al principio le daba mucha vergüenza, pero que no encontraba otra solución que seguir trabajando, empezó realizando un espectáculo de robot que igual aprendió de un amigo que hacía de estatua, luego siguió con los malabares, que tampoco le resultaron difíciles, para terminar con lo que ahora hace.

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