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Posts Tagged ‘Crónica’

El arte del desnudo

febrero 26, 2012 2 comentarios

La encontré  en la biblioteca en la que actualmente trabaja, vestida con un buzo y pantalón negro, que solo permiten ver sus manos y rostro, es que siempre le gusta cubrirse mucho.

Permanecer quieto, frente a la mirada de varias personas, no es nada fácil,  y aún menos si en esos momentos te encuentras desnudo.  “Lucía”, con 35 años, en aquel momento, fue una de las personas que decidió hacerlo.

Se involucró en el mundo del desnudo como expresión artística, a partir de la invitación que tuvo del pintor Carlos Andrade, el cual le planteó la idea que trabaje como modelo para los estudiantes de la carrera de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Loja.

Con una sonrisa y algo nerviosa, confiesa que le costó trabajo tomar una decisión, por los prejuicios que tiene la gente y lo que podrían pensar, sin embargo al leer algunos libros sobre el desnudo artístico (Nude Art), aceptó la propuesta.

Recuerda muy bien el 4 de octubre del 2004, se encontraba de pie y nerviosa; las miradas de 11 estudiantes rondaban su cuerpo, intentando captar cada detalle de su figura, algunos utilizaban carboncillo, tinta o acuarelas para retratarla, en ese entonces la clase estaba dirigida por el pintor chileno Gerardo Saez,  y el tiempo que permaneció en esa pose no llegó más allá de 45 minutos. Leer más…

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El rostro despintado de un payaso

febrero 26, 2012 Deja un comentario

El espectáculo está por empezar, es su último día de presentación en la ciudad de Loja, las luces se encienden y una voz grave da por iniciada la función. La gente se encuentra en sus asientos, mientras el olor a pasto impregna el ambiente.

Detrás del escenario se encuentra Emanuel (Mandarina), cambiándose de ropa para abrir el espectáculo, el público no es el suficiente, y eso que se cobró tan solo un dólar la entrada; no fue un buen día porque la lluvia cayó o tal vez porque los lunes todos inician su semana de trabajo.

Sale convertido en un acróbata, con un traje amarillo y negro. Utiliza unas telas blancas para su show, que lo llevan a gran altura, sus movimientos son muy ágiles, sin temer ni siquiera la falta de una red de seguridad.

Termina su primera salida a escena, la gente aplaude; lo hace muy bien, pero este no es el oficio que más le agrada en el circo, entonces se retira tras el escenario para convertirse en un payaso, mejor dicho en “Mandarina”, como él mismo lo dice, es el payaso mandado para reír.

Hace ocho años realiza este trabajo, aún recuerda que cuando se encontraba en Riobamba vio el circo y decidió hablar con los dueños para formar parte del elenco. Pensó que no sería difícil esto de hacer reír a la gente, después de todo siempre había sido el más alegre y gracioso de su familia, así que dejó su trabajo de comerciante de ropa, para dedicarse de lleno al arte. Leer más…

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Su invalidez no le impide luchar en la vida

febrero 26, 2012 Deja un comentario

Sentado en la vereda, con sus muletas, guitarra, flores, inciensos y una tarrina de comida, permanece Carlos Martínez Bermeo; su cabello ya cano y su sonrisa un poco olvidada.

Me siento junto a él, para averiguar que se sentía ser observado por la gente que pasaba interrogando con su mirada y dejando cada diez minutos una que otra moneda, a veces hasta de 25 centavos.

Martínez, con un acento costeño, empezó por contar que es de aquí, su madre era lojana y cuando él tenía dos años lo llevó a El Oro, donde lo dejó con un señor que lo crió y le puso su apellido, de ahí nunca más supo de ella.

Ahora espera encontrar a algún pariente en la ciudad, “uno sin conocer de la familia, está como vacío, por lo menos para morir siquiera diciendo; tengo alguien de mi familia”.

Nunca supo quien fue su padre, muchos le decían que era el mismo que lo crió, este señor tenía su esposa e hijos, cuando era niño lo maltrataban y hablaban mal de su madre, por esto cuando tuvo 10 años huyó de la casa y viajó por todo el Ecuador, trabajaba en todo lo que encontraba, teniendo como hogar las calles. Leer más…

Una vida entre papas, zanahorias, sueños…

febrero 26, 2012 Deja un comentario

Tres dólares son extraídos, a la fuerza, del bolsillo de María Eulalia Zhinín, mientras camina de regreso al Mercado Gran Colombia, donde tiene tres sacos de papa pendientes de lavar. La persona que le quitó el dinero, escondido en su fajín, es su propio esposo, quien con varios grados de alcohol encima, le exige dinero para seguir consumiendo su tiempo en este vicio.

María es del barrio Zalapa, pero desde que se casó vive donde pueda o, como ella misma dice, donde sea más barato de pagar el arriendo. Con apenas 28 años, es madre de cinco niños. Ellos juegan en el mercado mientras su madre lava las papas o verduras que le encarguen las vivanderas.

Sus hijos nunca han ido a la escuela, porque no tiene dinero y su esposo les ha dicho que la vida les enseñará lo que deben aprender, mientras eso suceda, juegan con otros niños y vuelven al lavadero cuando ya tienen hambre, aunque a veces deben solucionar por si solos esta necesidad, ya sea cargando sacos por 10 o 25 centavos, o pidiendo caridad. Leer más…

Una oportunidad de trabajo lo hizo cuidador de muertos

febrero 26, 2012 Deja un comentario

La puerta de entrada ya tiene un olor fuerte. Quien aspiró alguna vez este “aroma” sabe inmediatamente de que lo se trata. Casi todo es metálico en su interior, las camillas están vacías, todo luce limpio y ausente.

Quizá el sitio parezca lúgubre, especialmente en una tarde como esta, en la que no existe ningún cadáver de por medio cubierto con alguna sábana. Los instrumentos quirúrgicos se presentan en varios lugares y los sonidos producen cierto eco.

Tal vez muchos tendrían miedo, nostalgia o repulsión de estar todo un día entre muertos. Sin embargo, para quien ya lleva 28 años, tales sensaciones jamás pasaron por su cuerpo.

Con voz aguda, mirada baja y varias canas, Luis Luzuriaga cuenta que vino a ocupar el cargo de cuidador de la morgue de la Universidad Nacional de Loja (UNL) porque su antecesor falleció. Leer más…

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Con manos sucias y esperanzas

febrero 26, 2012 Deja un comentario

“Jefe le lustro”, esa es la frase que los identifica, desde niños hasta adultos, cada uno de ellos guarda una historia en su cajón de lustrar, algunos recién inician en la actividad y otros llevan ya media vida en la labor.

La vestimenta estándar la compone un par de zapatos deportivos, un jean y cualquier camiseta que ya tenga sus años. Los betuneros salen, día tras día, en busca de clientes. Cuando no están laborando conversan con sus colegas y comparten sus experiencias.

Especialmente los más chicos buscan un momento libre para entretenerse con cualquier tipo de juego.

Al intentar averiguar sus historias encuentro a Víctor Guamán, sentado en una esquina del Parque Central. Casi nadie quiere darnos la entrevista, pero él se decidió, lleva 8 años buscando zapatos sucios en las calles para limpiarlos.

Recuerda que empezó a trabajar porque un amigo le dijo que se ganaba bien, estuvo en la escuela entonces. “Me incliné por el trabajo porque era fácil y podía tener dinero para conseguir mis vanidades”.

Por dedicarse a esta labor muchas veces sus compañeros lo molestaban, en algunas ocasiones tuvo que defenderse de los insultos a golpes. Leer más…

Un baile entre semáforos

diciembre 12, 2010 1 comentario

De pié, en el pasto, cerca de un semáforo de la Av. Orillas del Zamora (Loja), en sentido diagonal al Instituto Técnico Daniel Álvarez Burneo, con una sonrisa que hacía ver casi la totalidad de su dentadura, unas marcas de acné de la adolescencia y una camiseta húmeda por haber cargado y bailado con su par de muñecos desde la mañana, lo veo a Félix Vera Alvarado.

Se encontraba tomando un descanso de tanto danzar frente a los autos, dice que éste arte lo aprendió hace algunos años de un chileno que conoció en un semáforo de Colombia, cuando en ese entonces él se dedicaba a realizar malabares.

Es de Babahoyo, pero pasó algunos años en Colombia, porque su madre tuvo una relación con un Colombiano que los llevó a vivir a Pasto, donde luego de un tiempo los dejó en el abandono, es ahí  cuando inicia su vida en los semáforos, como era el mayor de sus hermanos le tocó salir a trabajar para mantener a la familia.

Cuenta que al principio le daba mucha vergüenza, pero que no encontraba otra solución que seguir trabajando, empezó realizando un espectáculo de robot que igual aprendió de un amigo que hacía de estatua, luego siguió con los malabares, que tampoco le resultaron difíciles, para terminar con lo que ahora hace.

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