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Algodón de azúcar

marzo 14, 2012 Deja un comentario

A ella le gustaba mucho el algodón de azúcar, pero un día, caminando del brazo por el parque, él le dijo que mejor otro día, sin apuros.

Al contemplar las aguas de un mismo río, ella le confesó que su sueño recurrente era una rueda con el centro un poco a un lado, más él le recordó que en la historia del filosofar no existían mujeres todavía.

Creyéndole desprevenido, le besó en la nuca, pero él no la regreso a ver, hecho el muy árbol.

Entonces se le ocurrió una ocurrida ocurrencia: hablarle con la piel. Pero él se dio modos de argumentarle que aunque el mejor cielo despejado nada tenía que hacer frente a su desnudez, ese momento él estaba ocupado.

Hasta que un día ella bajó a toda pala en una rueda  chueca y se estrelló contra un gran algodón de azúcar que le esperaba en un café de citas, a horas en que el árbol oficinaba sin remedio, porque seguramente le tapaba el bosque.

Autor: Desconocido 

Amanecer desesperante

noviembre 22, 2011 Deja un comentario

Se vistió con una sábana húmeda, sin buscar nada más que su cuaderno de notas donde escribía historias de otros días, de vidas ocultas entre sus pensamientos. Mientras la noche se iba él se debatía con otro tipo de sombras oscuras que se cruzaban por su mente al recordar lo pasado, lo presente y verse en la fea tarea de imaginarse un día sin otro aliento que su aliento, u otros labios que no pueda tocar.

El reloj de su cuarto, que parecía un gato gris con ojos saltones, marcaba las horas más despacio,  pues hasta éste buscaba la forma de torturarlo, sin más que hacer, se le ocurrió amanecer apegado a un libro sucio que alguien le había regalado.

Imaginaba las historias de aquel libro que trataba de una vida parecida a la suya, pero mejor escrita por el biógrafo, sentía envidia hasta del personaje descrito, pues si bien tenía una vida similar, atravesada por la diametral línea del amor, el enamorado hecho a base de letras de molde parecía que pudo luchar mejor con su amargura y logró superar la desesperanza causada por una furtivo desamor.

Sin embargo pensó en sus adentros, que aquella historia que había leído solo era ficción, pues destacaba siglos ya muy añejos y personajes que ya no tienen nada que ver con la vida real, que el amor de  un príncipe isabelino no tiene comparación con el amor de un joven del siglo XXI. Los tiempos no siempre cambian para bien, dedujo al notar que si fuera la época en la que se desarrollaba este relato, él podría  hacer lo mismo: escribiría alejado de su amor, escribiría lejos de todo el mundo y dormiría sin ninguna preocupación, pero viendo su alrededor le costaba asumir la verdad, su triste situación de no poderse alejarse del amor perdido que no sabía si algún día lo conseguiría volver a encontrar.

Decía y criticaba a la autora  de dicho compendio de sílabas, palabras y frases, porque la narración le parecía demasiado fantasioso para los días de hoy: ¿Cómo alguien puede vivir sin trabajo? ¿Cómo alguien puede asilarse en una montaña y pensar que nada ha pasado?  ¿Cómo hacer todo eso en nuestros días? ¿Cómo dibujarlo por lo menos en un papel para sentir a dentro? Siempre tuvo preguntas en su cabeza pero ninguna alma que las pueda contestar.

Así que sin más que eso se propuso consigo mismo escribir una historia paralela, su historia, pero esta vez no para causar envidia a otro seudo escritor, sino para que algún lector se apiade de su triste situación…